Cómo Fomentar la Responsabilidad y el Compromiso

Desde la infancia aprendemos a igualar responsabilidad con culpabilidad. Por eso hablamos de ser responsable de algo. “¿Quién es el responsable de esta pelea?”, nos dice uno de nuestros padres, y respondemos de forma automática: “¡Él!” porque en nuestra mente ser responsable equivale a “ser causante” o “culpable” de algo. Y ser culpable es algo malo. Al excluirnos de la explicación del problema perdemos la capacidad de influir positivamente en la situación. Aunque yo no me considere el agente causal de forma directa, sí que formo parte del sistema que provoca el resultado insatisfactorio. Aun en asuntos en los que no nos consideramos responsables, si sufrimos las consecuencias,  ya es nuestro problema: no somos responsables del problema pero sí frente al problema.

Hoy en día en el mundo de las organizaciones son frecuentes las actitudes de este tipo: “no es mi problema”, “no se puede hacer nada”, “es lo que hay”, “la culpa es de los jefes”, que al margen de su mayor o menor certeza, nos quitan la posibilidad del cambio. Estas frases operan como lemas o creencias que otorgan el poder al entorno, cuando en realidad son elecciones que hacemos.

Este curso se orienta al fomento de la responsabilidad frente a la actitud víctima o reactiva. Ser responsable no es tener una solución para cada problema: es hacerme cargo de mi parte en ese problema. Fuera queja, fuera esperar, fuera resignación, fuera echar balones al otro.

Elijo hacer lo que yo sí puedo hacer.